444 ETIMOLOGÍAS CUQUIS

Qué tiene que ver Elon Musk con los testículos?

¿Qué tiene que ver un derbi con un zepelín?

¿Qué tiene que ver el champú con el parchís?

¿Qué tiene que ver un mocasín con un tobogán?

¿Qué tiene que ver un futbolín con una quiniela?

Las respuestas a esas preguntas y a otras muchas se encuentran en este libro.

Algunos ejemplos:

Asterisco.
Estrella en griego se dice aster, por eso a lo que tiene forma de estrella lo llamamos asteroide y por eso a esa estrellita que tienes en el teclado la llamamos asterisco, por el diminutivo griego que también encontramos en basilisco, menisco y obelisco. Así es que un asterisco es una estrellita y viceversa.

Bombón.
Cuando los pasteleros franceses inventaron un pastelito de chocolate endurecido relleno de licor o de cualquier otro dulce, no sabían qué aceptación tendría entre sus clientes ni cómo llamarlo. Así es que se los daban a probar a los niños para saber su opinión y los niños respondían: bon, bon ‘bueno, bueno’ y así se quedó el bombón para siempre en nuestro diccionario y en nuestro paladar.

Cancha.
Esta palabra que define el espacio destinado a la práctica de ciertos deportes, es de origen quechua: kancha ‘recinto, cercado’. Otras palabras quechuas (‘gente del valle templado’) son cóndor (pase o no pase), carpa (la del circo), pampa ‘llanura’ o mate por mati ‘calabacita’. Así hasta 60 en número redondo. La cancha deportiva llegó a España hace un siglo y se usa sobre todo en crónicas y tertulias deportivas a imitación del los narradores y periodistas argentinos. Ellos van a la cancha, nosotros somos más de ir al campo, al estadio o al pabellón.

Edredón.
El éider común es un pato marino propio del norte de Europa que construye su nido en tierra firme usando su propio El éider común es un pato marino propio del norte de Europa que construye su nido en tierra firme usando su propio plumón. A ese abrigo los ingleses lo llamaron eider down (plumón de pato), los franceses édredon y los españoles edredón.

Fornicar.
Fornicar es –dice el diccionario– tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio. Ojo: fuera del matrimonio. Dentro del matrimonio se llama milagro. El término nos llega del latín fornicari y este de fornix ‘arcada, pórtico’, porque bajo esas bóvedas ejercían las prostitutas.

Ladrón.
Reparemos en la clavija que tiene salida para varias tomas de la corriente eléctrica. ¿Por qué se llama ladrón? La pista clave está en la 3ª acepción de la palabra: toma subrepticia de electricidad. Subrepticia, o sea que se hace o toma ocultamente y a escondidas. O sea que es un plan hecho para engañar a las compañías eléctricas y pagar menos. Y es que cuando la energía eléctrica llegó a las casas, no había contadores y se pagaba por punto de luz. Por eso se llama ladrón, porque convierte un punto de luz en varios puntos de luz pagando solo por uno. El éxito del invento y de la palabra fue inmediato. Como los contadores de las eléctricas.

Mamotreto.
Esta es una palabra ya desconocida para los milenials: un armatoste, un objeto grande. Procede del griego mammóthreptos; literalmente ‘criado por su abuela’, y de ahí ‘gordinflón, abultado’, por la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos.

Picatoste.
Es un trozo de pan tostado que sirve de acompañamiento a gazpachos, purés y donde diga Arguiñano. Esta palabra es de etimología sencilla: de ‘picar’ y tostar’. Rico, rico.

Sandía.
Decimos sandía por el árabe sindiyyah ‘de Sind’, región de Pakistán de la que procede. Más bien desde donde la comercializaron los árabes, caso análogo al del mantón de Manila, que llegaba a España desde nuestra colonia filipina, pero es de origen chino. Sindibad es un nombre propio que significa ‘viento de Sind’ y que nosotros españolizamos como Simbad. Sí, el marino de las Mil y una Noches.

 

444 PALABRAS CUQUIS

 

¿Por qué 444? Porque 444 es un número capicúa, palabra cuya etimología encontrarás unas páginas más adelante. 444 es el número de libros que firmó Jorge Luis Borges en su última visita a España.

 

¿Por qué etimologías? Porque la etimología –la verdad de la palabra– es una puerta abierta a la curiosidad por nuestra lengua común, un viaje al pasado para entender el presente.

 

¿Y por qué cuquis? Porque cuqui es uno de tantos términos no incluidos en el Diccionario de Lengua Española y que los hablantes, no faltaba más, empleamos a cascoporro (que tampoco viene). Cuco sí, pero cuqui no. Lo lamento, porque añade a lo cuco una familiaridad, cariño o cursilería que me entusiasman.

 

Vas a tener que creerme. Las siguientes palabras no las verás en el diccionario: narcopiso, ciberataque, viejuno, arrepío, áfter, kamasutra, espóiler, fumeta, gilda, madridista, milenial, bocachancla, tuercebotas  o cuerpazo. Esta última me molesta especialmente por razones obvias y referidas a mi concupiscente anatomía.

 

No espero que leas mi libro, de hecho no lo escribo para tal fin. Deseo (y no hay por qué decir fervientemente) que lo cates, que lo degustes y paladees a tu antojo y lo disfrutes tanto como yo al escribirlo. Un buen libro es como un perfume, que conviene ser administrado en pequeñas dosis.