FLORESTA DE ADJETIVOS

Todo el mundo sabe que pisiforme es algo con forma de guisante, que zullenco es quien ventosea con frecuencia e involuntariamente o no puede contener la deposición, y que vernal es lo relativo a la primavera, aunque parezca otra cosa.

Anatole France –siento debilidad por los pseudónimos, ustedes perdonen– afirmó con envidiable fulgor que el diccionario es «un universo ordenado alfabéticamente». Jean Cocteau, para seguir con nuestros convecinos franceses y aun a riesgo de firmar un texto galicano, juzgaba que «cada obra maestra literaria no es más que un diccionario desordenado».

Comparto ambas opiniones sin reservas.

Un diccionario o como también se conoce muy gráficamente en Hispanoamérica, un amansaburros, mataburros o tumbaburros es un reflejo de la sociedad de su época, una delicadeza, una ambrosía, un regreso a la infancia pero sin gluten, al contrario de la magdalena de Proust.

En mi cada vez más menguada biblioteca, siempre expuesta a los azares de mi vida modestamente disoluta, los hurtos, los regalos y los metros cuadrados disponibles, no poseo ninguna colección de adjetivos, pero conservo diccionarios de asuntos más o menos verosímiles: de sinónimos, de antónimos, de cocina, de botánica, de

teatro, de argot, de rarezas, de geografía, de satanismo, de términos taurinos, de supersticiones, de economía, de cine, de rimas… y por supuesto de lengua. Atesoro distintas ediciones del entonces DRAE –Diccionario de la Real Academia Española– donde yacen alhajas en forma de palabras o acepciones fagocitadas por la sociedad que entre todos construimos.

Véase esta acepción de poesía, cuyo donaire alumbra las ediciones de 1884 y 1925: Fuerza de invención, fogoso arrebato, sorprendente originalidad y osadía, exquisita sensibilidad, elevación o gracia, riqueza y novedad de expresión, encanto indefinible, o sea conjunto de cualidades que deben caracterizar el fondo de este género de producción del entendimiento humano, independientemente de la forma externa, o sea de la estructura material del lenguaje, de que resulta el verso.

 

En todo caso –y ocaso– un diccionario no es sino la selección caprichosa de un número más o menos considerable de palabras. He compilado adjetivos no muy transitados, esto es, no trillados, no usados con frecuencia, no conocidos ampliamente. Para ello no he seguido más patrón que mi propio gusto, tanto en la selección como en la agrupación temática.

El fruitivo volumen que Amazon tiene reservado para ti contiene 1.000 adjetivos a cual más suculento y nutricio y 100 locuciones adjetivas de alto coturno que refulgirán ante tus ojos sí o sí.

Un opúsculo que está a la espera de ser catado por letraheridos y curiosos.