EL ESPAÑOL Y LA LOTERÍA

El día 22 de diciembre se celebra en España el tradicional Sorteo Extraordinario de Navidad de Lotería Nacional. Como los hablantes somos prácticos, reducimos tan pomposo nombre por el más campechano (guiño, guiño) Sorteo del Gordo. Parte de la belleza del lenguaje reside en su precisión, como repito con denuedo.  


El azar es caprichoso, como cantaba Serrat y el azahar es la flor del naranjo y el limonero, como todo el mundo sabe. También es la flor del cidro, pero eso ya es para nota.
 
Así es que te dejo aquí unas palabras y unas expresiones relacionadas con la suerte y que a buen seguro tendrán efecto apotropaico, palabra cuya etimología griega significa ‘que aleja el mal’ y cuya definición aproximada es, en efecto, algo que aleja el mal o propicia el bien.

Además, que sepas que en una de mis vidas fui vecino de un señor con bigote que cuando no era un señor ni tenía bigote, estudiaba en el colegio de San Ildefonso y participó en el sorteo de 1964. Me dijo que cantó el Gordo (décimo a 400 pesetas y premio gordo 150.000 al número 20.426). 

Mi vecino se llamaba Gregorio, que indiscutiblemente es nombre de niño de San Ildefonso de la época.
 
No sé si conoces Chile, pero allí no dicen lotería nacional.

Dicen polla.

Sí, dicen polla.
 
No conozco a nadie que haya nacido en España y que al toparse con la sede de la lotería nacional chilena no haga una foto y la mande de inmediato por wasap:

Pollas es  sinónimo de apuestas. Una muy famosa es la polla del presidente. Si la cosa va de apuestas hípicas puedes encontrarte con todo tipo de pollas: la polla de precoces, la polla de potrancas o el premio especial: el pollón. Para adjudicarse el pollón se requiere acertar el total de los caballos ganadores que figuren en el programa que rige para la polla.

Con un buen pollón o con la polla del presidente, dejas de currar.

Y yo.

La suerte hay que buscarla, ya se sabe. Hay buena suerte y mala suerte. En Español contamos con una palabra muy curiosa: andanza, que significa literalmente ‘suerte, buena o mala’.

En lo que se refiere al sorteo en sí mismo, es probable que te suenen estas palabras que cada año repiten en la retransmisiones de la tele y la radio: alambre, bombo, copa, lira, paraguas, pedrea, tolva, trompeta… y similares.
 
En México tienen una palabra para designar los décimos que no vende el lotero: huerfanitos.
 
Los peruanos no dicen lotero, sino suertero y al billete de lotería lo llaman suerte
 
CUANDO LA SUERTE ES FAVORABLE
 
En ese caso tenemos palabras y expresiones como la árabe baraka, la colombiana chepa, la venezolana chiva o la chilena cueva.
 
Tener buena suerte es tener buena manderecha, tener el santo de cara, tener buena sombra, tener buenaventura, es caer o nacer de pie, tener potra o que te sople la musa.
 
Se dice que la perra le parirá lechones para dar a entender que todo le sale bien a quien tiene buena suerte.
 
CUANDO LA SUERTE ES DESFAVORABLE
 
Pues encontramos términos a ambos lados del Atlántico como adversidad, cenizo, gafe, empavar, macacoa, malavita, pandura o trampucheta, todos con el mismo significado: mala suerte.
 
Gafe es también lo que trae mala suerte, al igual que piña o torcido.
 
Tener mala suerte es tener el santo de espaldas, igual que tener mala pata o mala sombra, en Colombia es que te caiga la gota fría.
 
En Cuba cuando una persona tiene mala suerte se dice que está meada por los perros o (pásmate) que tiene un chino detrás. Naturalmente, los cubanos tienen un amuleto para alejar la mala suerte al que los santeros llaman resguardo.
 
Termino el apartado de la mala suerte con dos animales:
 
Decimos lagarto para ahuyentar la mala suerte. Y este otro animal es una joyita: llamamos argel al caballo que solamente tiene blanco el pie derecho, de donde algunos entienden que es malo y que trae mala suerte a quien monta en él.

Y una cosa más antes de que nos toque el Gordo:
 
Fario es una palabra no muy conocida por mucho que la empleemos. Porque tú y yo sabemos lo que es el mal fario ¿verdad? Pero fario significa suerte, fortuna, sino. Y sin embargo qué poco decimos que algo da buen fario. Manías de hablantes, ya se sabe.
 
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